cuentándotelo


¡IMPORTANTE!
abril 21, 2012, 8:34 pm
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Durante estos últimos meses he estado haciendo un curso de escritura y encuadernación infantil el la librería +Bernat de la calle Buenos Aires de Barcelona. Cada niño hemos escrito e ilustrado un cuento con la ayuda de nuestras dos profesoras. El curso ya ha acabado y nos han editado un libro con todos los escritos titulado ”8 niños 8 cuentos”. El libro se podrá comprar en la librería a partir del lunes. Además, para Sant Jordi mis compañeros y yo firmaremos el libro en Pedralbes (en esta parada también se podrá comprar) y la librería.

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¡Me gustaría que estuvierais allí!

HORARIO 23 de abril

18:00-18:45 en Diagonal 609 (delante del Pedralbes Centre)

19:00-20:00 en C/Buenos Aires 6-8



Una historia que contar

Una nube de pensamientos invadía la tranquila mente de Victoria cuando apareció por primera vez. Su sólida piel blanca brillaba a la luz de los fluorescentes y sus penetrantes ojos azules parecían mecerla. Nunca pensó que si los fantasmas existieran tendrían aquella apariencia, pero era así.

Sus ojos que tanto leían quedaron inexpresivos por la magnitud del susto con el que topó su mente. El espectro paseó la mirada por la habitación y luego volvió a posar los ojos en ella. Victoria tenía unos bonitos ojos y pelo marrones que contrastaban con su pálida piel, pero no resultaba enfermizo, sinó radiante. Su larga cabellera de chocolate caía lisa sin nada que la sujetara.

– Hola, me llamo Ignasi Riviers y soy un fantasma cuya tarea pendiente es enamorarse de una humana. Cuando resuelva este asunto podré descansar en paz en el Más Allá– fue su inusual presentación.

Unos dulces pensamientos flotaron por la mente de Victoria durante unos instantes, pero se dio cuenta de que aquello era imposible… ¡Si todavía estaba paralizada del susto!

Unos gritos desde la primera planta les interrumpieron:

– ¡¡Vi, baja que nos vamos a cenar!!—dijo la madre de la chica.

* * *

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El protagonista eres tú

Este cuento lo he escrito en segunda persona (algo muy anormal entre los escritores). Espero que os guste!

Mientras admirabas las finas gotas de agua que dejaba caer el cielo, la tormenta incesante aumentaba en intensidad. Tu mirada reflejaba una expresión serena, como si aquella tormenta de verano no te hubiera sorprendido.

En aquel instante de tranquilidad te volviste y te dirigiste hacia la puerta. Cuando tus manos hicieron girar lentamente el dorado pomo, algo pasó que te hizo retroceder. La luz titiló, la ventana se abrió de par en par y el cerrojo no te dejó salir al pasillo.

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El museo de los sueños

Este cuento seguramente va a tener otros que seguirán la historia: ya adivinaréis por qué cuando lo hayáis leído.

Esa noche soñé en las nubes: eso era buena señal. Los días que sueño en nubes siempre pasa algo emocionante y divertido. En el almuerzo, papá me dio la gran sorpresa de que este fin de semana iríamos al pueblo de mis abuelos. ¡Qué divertido!

En el trayecto en coche pensaba en lo que iba a hacer primero: dar una vuelta en bicicleta, ir al bar con mi prima… Había tantas opciones… En realidad, lo primero que tendría que hacer sería deshacer la maleta. En la que la ropa que había parecía haber sido compactada por la pisada de un gigante. Todavía no comprendo como pude meter las últimas prendas.

Después de guardarlo todo en cajones me dirigí a la casa de mi prima. Ella me aguardaba expectante en la verja de su jardín.

- ¡Hola, Alberto!- me dijo.- ¿Sabías que han abierto un museo en el pueblo?- anunció. Me sorprendí de la rapidez con la que abría el tema. Normalmente era más introvertida. Debía estar deseosa por visitar-lo.

* * *

Aquella misma tarde caminábamos hacia el museo. Al llegar a aquella gran puerta vi encima de ella un cartel en el que ponía: <<Museo de los sueños>>. ¿Qué querían decir con eso? Cogí el picaporte y le dí un buen golpe contra la puerta. Al instante un hombre muy bajito nos abrió la puerta.

Aquel lugar tenía algo mágico. Las lámparas parecían átomos de luces de colores. En las paredes había ventanas que no daban al exterior, sinó que de ellas parecía emergir un paisaje que no podía existir, muy distinto al que debería haber. Todas ellas estaban delimitadas por marcos y ninguna tenía cristal. Bajo aquello había un nombre (de persona) y una fecha en un cartel dorado.

Observé sin mucho detenimiento los cuadros animados, hasta que decidí hacer lo que hacían todos. Metí la cabeza en el paisaje y aparecí en una fábrica en la que se desarrollaba una terrorífica batalla de seres de ciencia ficción, como las de Star Wars. Vi como un muchacho le daba un certero golpe con un garrote en la cabeza de un bicho enorme. Retrocedí hasta el cuadro y volví al museo, aquello me empezaba a gustar.

La pregunta que me había formulado al ver el cartel había sido respondida: aquellos eran los sueños de multitud de niños del presente y el pasado. Yo, particularmente, había estado en el de Michael Tubbs, que soñó el día 10 de marzo de 1982. Aquella resolución me hizo formularme otra pregunta:¿habría allí alguno de mis sueños?



La verdadera naturaleza de Ana

La vida de Ana tras la repentina desaparición de su hermano Jorge era como un invierno sin final. Ana se sentía desplazada, como en un puzzle en el que por más que girara la pieza, no encajaba. Un día, al salir de la escuela, Ana descubrió un hombrecillo verde tras los matorrales. Aquí empieza su mágica historia.

Después de aquel extraño hallazgo, Ana no dejó de imaginar seres fantásticos: gigantes, brujas, sirenas… Todo aquel mundo la tuvo obsesionada largo tiempo, hasta que descubrió una ninfa.

Ana caminaba por los bosques del monte y encontró una fuente de la que manaba un agua pura y cristalina. Se detuvo a contemplar el reflejo del sol en aquel líquido cuando… En la imagen que contemplaba vio fugazmente un rostro azulado de una belleza inimaginable. Se giró rápidamente y contempló el ser más precioso y mágico que jamás pudo vislumbrar en su mente. Allí delante tenía una mujer: era de piel y pelo del color del cielo, iba vestida con una túnica blanca decorada con flores y llevaba una corona de margaritas sobre su ondulada cabellera. Pero el rasgo que más destacaba en su aspecto eran los pies: parecía que se fundieran en la naturaleza.

Aquella ninfa profirió un silbido agudo y penetrante y al momento aparecieron allí otros seres de carácter sobrenatural: allí había duendecillos leprechauns, dos unicornios plateados, sirenas que habían surgido del lago, centauros de robustas patas… No se lo podía creer, era el sueño de su vida, encontrar aquello. Pero no se había fijado en todo lo que había allí, cientos de mágicas criaturas la envolvían. De repente, entre todas las imágenes que intentaría recordar de aquello, le pareció reconocer una de las caras: su hermano, que había desaparecido hacía unos años, era un elfo.

 Jorge se lo explicó todo: eran adoptados, su verdadera naturaleza era mágica y estuvieron esperando a que Ana se hiciera mayor para convertirla en elfina. Ana se quedó paralizada, no podía creer lo que había oído. Empezó a pensar que debía escapar, pero una gran cantidad de seres mágicos la rodeaban.

Entonces todo ocurrió muy rápido: la niña se elevó en el cielo e inició el cambio a su verdadero aspecto. El día siguiente Ana surcaba los montes con su verdadera familia en camino de una nueva vida.



El paraíso en un cajón

Ese cajón acaparaba toda mi atención, me atraía. Un día, involuntariamente, me acerqué poco a poco a la habitación de mis padres y lo abrí. Estaba forrado con un papel de árboles y dentro había cosas de carácter natural: hojas de distintos tipos, flores, hierba…

Estaba tan ensimismada con el inmenso universo que había creado en mi mente que no me di cuenta de dónde estaba. Me encontraba en un lugar distinto, rebuscando en un cajón en la piedra de un acantilado, rodeada de árboles, el mismo paisaje que estaba forrado en el cajón.

Dejé de mirar ensimismada el cajón y me acerqué hacia el bosque. Allí no había nadie y yo no sabía cómo volver. Decidí adentrarme entre los árboles y estuve un tiempo vagando por aquel extraño paraje. Me encontraba bien allí, era como si ese lugar me acomodara con su penumbra y me ofreciera su manto de humedad. De repente vislumbré entre la extensa capa de árboles lo que parecía una red de agua cristalina. El rumor del agua vino a mí y yo lo seguí, parecía empujarme entre las hojas del suelo hacia el río. Al llegar pensé que me gustaría quedarme allí, todo me abrazaba cómodamente: el fluir del agua en el río, el olor de la tierra húmeda bajo las rojizas hojas del suelo, el viento sobre mi cara… Todo cuánto había allí me invitaba a quedarme.

Sentada entre las raíces de un árbol, recordé que ese no era mi lugar, mi lugar estaba muy lejos de allí, tras un cajón… << ¡Tras un cajón!>> me dije, pensé que todo era un sueño y que despertaría al día siguiente. El tiempo pasaba pero yo no desaparecía de aquel paraíso. Decidí, como hacían en las películas, pellizcarme. No me lo podía creer, todo era real. Entonces, si todo era real, yo estaba perdida en un bosque. Me alivié pensando que el bosque me había estado llevando en la dirección correcta hasta ahora y seguro que seguía ayudándome.

Me levanté, me calmé y fui desandando el camino. Recordé, la entrada estaba al lado de un altísimo acantilado, sólo tenía que mirar hacia arriba y observar dónde se encontraba aquel monumental accidente de roca. Como yo pensaba, el bosque me ayudaba, pronto vi vagamente un pico de piedra que se alzaba imponente cerca de aquí. Poco tiempo después entreví un claro custodiado por un gran acantilado. Allí estaba el cajón, abierto, como lo dejé. Me pregunté cómo volver, la respuesta me surgió en la mente como un relámpago: sólo tenía que rebuscar en el cajón. Minutos después me encontraba en casa, estupefacta de lo que había ocurrido.

Estirada en la cama pensaba en lo que había pasado. Pero solo me venía un pensamiento a la mente: el deseo incontenible de volver a aquel misterioso paraje.



Escric un conte (escribo un cuento)
marzo 5, 2011, 10:38 am
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Este cuento también está en catalán ya que va a concursar en un concurso de relatos que organiza el ayuntamiento de mi ciudad para Sant Jordi.

Cada any arriba aquell dia tan especial, el d’escriure una redacció: un conte. Les idees em brollen, en tinc tantes que no sé per on començar. La mare m’incita a que faci un dia a l’escola, a classe, se m’acuden centenars d’idees, milions, però llavors el que costa és decidir.

Aquest any aquell dia ja ha arribat. Ningú no sap què fer: alguns em diuen que volen fer una novel·la romàntica, però que això ja està molt passat. Altres, es decanten pel fet de donar un gir extraordinari i divertit a un conte clàssic…

Ja entrem a la classe, ens donen el paper, hi poso el nom i la ment se’m queda en blanc. Em demanen una goma, amb molta parsimònia obro l’estoig i li dono aquell objecte. I si faig la història d’una goma i un llapis parlants? No, massa infantil… Se m’acut de fer com molts amics, un remix de la Caputxeta… Però, a la ment m’hi apareix un remordiment absurd. Aquella no era la meva idea, l’havia copiada. Ja ha passat mitja hora, no tinc temps per més, he de fer alguna cosa…

Escric al paper: En Jaume era un nen molt descuidat.

No, crec que això no donarà un bon resultat. No sé què fer. La professora ens mira des del seu escriptori amb una mirada profunda i fixa… Aquest any, la professora es portarà una bona decepció, amb mi.

Miro al diccionari, buscant alguna paraula que em faci reaccionar, que em serveixi de clau per escriure la redacció.

Repasso els llibres que m’acabo de llegir, rebuscant entre les paraules curosament escollides per l’autor. Penso i repenso, s’acaba el temps, cada minut que perdo, cada segon, és menys temps per a la redacció.

Miro el que fan els altres, el que veig només fa que desesperar-me: fulls plens de paraules, gent a la que les idees li surten per les orelles, escrivint desesperadament per acabar el seu conte. Llavors miro el meu full: en blanc. Només hi ha el meu simple nom, dues paraules escrites a batzegades.

Ja només queda un quart d’hora! Se m’ha acudit una idea: escriuré la història d’aquesta història, explicaré aquesta hora d’inseguretats i esperances.




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